Perspectiva inclinada

Tengo la teoría de que, en realidad, no nos enfrentamos al mundo de manera frontal, con la mirada fija en el horizonte, sino que tendemos a dirigirla diagonalmente hacia abajo. Es cierto que parte de esta teoría podría deberse a mi postura algo encorvada, pero creo que hay algo más.

Caminar sobre dos piernas significa que estamos bastante alejados del suelo y somos especialmente propensos a dar un mal paso o tropezar. Nuestros ojos se encuentran muy por encima de la superficie sobre la que tenemos que colocar los pies. Prestar atención al suelo que tenemos delante es esencial para evitar desde pisar una caca de perro hasta accidentes mucho más graves. Nuestros brazos, en su posición natural de trabajo, también se encuentran bastante por debajo de la cabeza, y muchas de las cosas que hacemos con las manos requieren cierto grado de coordinación entre la vista y las manos.

Escribir, leer, dibujar, cocinar, comer, manipular objetos o utilizar herramientas son actividades que se desarrollan, en su mayoría, por debajo del nivel de los ojos. Así, una enorme parte del mundo construido por el ser humano, desde escritorios, mesas de comedor y encimeras de cocina hasta libros, teclados, tableros de ajedrez y periódicos, parece concebida para ser utilizada mirando hacia abajo.

Nuestra tendencia a mirar hacia abajo ha encontrado relativamente poco reflejo en las convenciones que utilizamos para representar el mundo. La construcción más habitual de la perspectiva lineal presupone una mirada perfectamente horizontal, dirigida de frente hacia el horizonte.

Una perspectiva de uno o dos puntos de fuga corresponde a una disposición geométrica determinada. El plano del cuadro es vertical y la dirección de la mirada, horizontal. En estas condiciones, todas las líneas verticales paralelas comparten un punto de fuga situado en el infinito y, por tanto, permanecen perfectamente paralelas en la imagen.

Sin embargo, en cuanto inclinamos la mirada hacia abajo, las verticales paralelas empiezan a converger hacia su propio punto de fuga, que, curiosamente, se encuentra justo debajo de nuestros pies o, para ser más exactos, sobre el eje gravitatorio que atraviesa el punto desde el que miramos.

Los efectos de esta convergencia de las verticales se han aprovechado en la dirección opuesta, hacia arriba, especialmente en la pintura de techos renacentista y barroca. Allí, esta convergencia permitía abrir visualmente los techos y crear construcciones espectaculares. La arquitectura pintada podía parecer prolongarse hacia el cielo, poblado de cuerpos que ascendían y ángeles en pleno vuelo.

La modesta inclinación hacia abajo de nuestra mirada cotidiana, en cambio, parece haber sido ignorada en gran medida. Por supuesto, podría argumentarse que un cuadro colgado verticalmente en una pared invita de manera bastante natural a que las verticales de la imagen permanezcan paralelas a sus propios bordes verticales. Pero este razonamiento nunca nos aleja demasiado de la idea del cuadro como ventana. Al fin y al cabo, una ventana nos invita a mirar de frente a través de ella.

Para un pintor, esta convención plantea una serie de problemas prácticos. Una mirada horizontal tiende a centrar el campo de visión en el horizonte, mientras que aquello que nos interesa puede encontrarse principalmente por debajo o por encima de nosotros. Para dar cabida a esto sin inclinar el punto de vista, puede ser necesario recortar grandes partes de la imagen resultante hasta llegar a la composición deseada. Además, el punto de vista frontal y neutro crea cierta separación entre el espectador y la imagen. El mundo representado permanece frente a nosotros, en lugar de extenderse hacia el espacio que nosotros mismos ocupamos.

También la fotografía ha hecho tradicionalmente grandes esfuerzos por evitar el tercer punto de fuga. El gesto, antes habitual, de arrodillarse para fotografiar a una persona de pie es un ejemplo sencillo: bajar la cámara hasta acercarla al centro de la figura permite al fotógrafo mantener horizontal la dirección de la mirada y evitar así la convergencia de las verticales y la consiguiente distorsión de la figura debida a la perspectiva. Los objetivos descentrables, las cámaras de gran formato y, más recientemente, las correcciones digitales de perspectiva ofrecen soluciones más sofisticadas al mismo problema.

Mientras las cámaras se llevaban al ojo y las fotografías se componían a través de un visor, la posición de la cámara permanecía estrechamente ligada a la de nuestros propios ojos. Con los teléfonos móviles, esta relación ha desaparecido en gran medida. Los sostenemos libremente delante del cuerpo y simplemente los inclinamos hacia aquello que queremos fotografiar, haciendo mucho más habituales las perspectivas inclinadas. Seguimos tendiendo a considerar la consiguiente convergencia de las verticales como una distorsión, aunque no es más que la consecuencia geométrica de inclinar la cámara hacia abajo y se corresponde estrechamente con la manera en que miramos muchas de las cosas que tenemos delante.

Quizá debamos distinguir entre nuestra visión natural y las imágenes que nos parecen naturales. No son lo mismo. Lo que percibimos como natural en una imagen depende poco de la geometría de un acto real de mirar. Simplemente estamos acostumbrados a que las imágenes se comporten de determinadas maneras.

Una perspectiva inclinada puede ofrecer algo que una perspectiva frontal no consigue con la misma facilidad. El lugar desde el que miramos se vuelve físicamente perceptible. Nuestra altura sobre el suelo empieza a importar. Implica equilibrio, apoyo y la posibilidad de caer.

Piero della Francesca, The Flagellation of Christ, c. 1455–1460. Low viewpoint, with parallel verticals.
Piero della Francesca, La flagelación de Cristo, c. 1455–1460. Punto de vista bajo, con verticales paralelas.
Vittore Carpaccio, The Miracle of the Relic of the True Cross at the Rialto Bridge, c. 1496. Elevated viewpoint, while the architectural verticals remain parallel.
Vittore Carpaccio, El milagro de la reliquia de la Santa Cruz en el puente de Rialto, c. 1496. Punto de vista elevado, mientras las verticales arquitectónicas permanecen paralelas.
Pieter Bruegel the Elder, Children’s Games, 1560.
Pieter Bruegel el Viejo, Juegos de niños, 1560.
Hans Vredeman de Vries, Perspective, 1604–05. An early systematic construction of downward three-point perspective.
Hans Vredeman de Vries, Perspectiva, 1604–05. Una temprana construcción sistemática de la perspectiva de tres puntos de fuga hacia abajo.
Johann Jacob Schübler, Perspectiva Pes Picturae, 1719–20. An elaborate demonstration of three-point perspective
Johann Jacob Schübler, Perspectiva Pes Picturae, 1719–20.
Andrea Pozzo, The Apotheosis of Saint Ignatius, 1685–94. The ceiling opens upward into an illusionistic continuation of the architecture.
Andrea Pozzo, La apoteosis de san Ignacio, 1685–94. El techo se abre hacia arriba en una prolongación ilusoria de la arquitectura.
Utagawa Kuniyoshi, nineteenth century. Japanese prints often assume a high vantage point, but resolve perspective in a different way.
Utagawa Kuniyoshi, siglo XIX. Las estampas japonesas adoptan a menudo un punto de vista elevado, pero resuelven la perspectiva de otra manera.
Pierre Bonnard, The Dining Room, Vernon, c. 1925. Bonnard often assumes a downward view, while mostly retaining parallel verticals.
Pierre Bonnard, El comedor, Vernon, c. 1925. Bonnard mira con frecuencia sus escenas desde arriba, aunque conserva en gran medida las verticales paralelas.
Paul Cézanne, Still Life with Plaster Cupid, c. 1895. Cézanne combines several downward viewpoints within a single image.
Paul Cézanne, Naturaleza muerta con Cupido de yeso, c. 1895. Cézanne combina varios puntos de vista dirigidos hacia abajo en una misma imagen.
Sometimes converging verticals appear in Cézanne’s paintings. Paul Cézanne, Madame Cézanne in a Red Dress, 1888–90.
A veces aparecen verticales convergentes en las pinturas de Cézanne. Paul Cézanne, Madame Cézanne con vestido rojo, 1888–90.
Kirchner pushes the downward view into a radically distorted space. Ernst Ludwig Kirchner, Alpine Kitchen, 1918.
Kirchner lleva la mirada hacia abajo a un espacio radicalmente distorsionado. Ernst Ludwig Kirchner, Cocina alpina, 1918.
Beckmann sometimes uses radically converging verticals without adhering to a strict perspective. Max Beckmann, The Garden, 1921.
Beckmann utiliza a veces verticales que convergen radicalmente, sin atenerse a una perspectiva estricta. Max Beckmann, El jardín, 1921.
Keeping the camera level was one way of avoiding converging verticals. A. W. Leonard with a large-format camera, c. 1920s.
Mantener la cámara nivelada era una forma de evitar la convergencia de las verticales. A. W. Leonard con una cámara de gran formato, c. década de 1920.
The waist-level viewfinder separates the camera from the photographer’s eye and allows a lower viewpoint. Robert Doisneau, Self-Portrait with Rolleiflex, 1947.
El visor a la altura de la cintura separa la cámara del ojo del fotógrafo y permite un punto de vista más bajo. Robert Doisneau, Autorretrato con Rolleiflex, 1947.
Shift lenses allow the camera to remain level while moving the field of view up or down. Canon TS 35mm f/2.8 S.S.C., introduced in 1973.
Los objetivos descentrables permiten mantener la cámara nivelada mientras desplazan el campo de visión hacia arriba o hacia abajo. Canon TS 35mm f/2.8 S.S.C., presentado en 1973.
View cameras allow precise control of perspective through movements of the lens and film plane. Bernd and Hilla Becher with their large-format camera.
El desplazamiento independiente del objetivo y del plano de la película permite controlar con precisión la perspectiva. Bernd y Hilla Becher con su cámara de gran formato.
The Bechers systematically suppress converging verticals, reinforcing the frontal neutrality of their photographs. Bernd and Hilla Becher, Water Towers, 1960s–80s.
Los Becher eliminan sistemáticamente la convergencia de las verticales, reforzando la neutralidad frontal de sus fotografías. Bernd y Hilla Becher, Torres de agua, décadas de 1960–80.
Other photographers, like Cartier-Bresson, embraced the tilted view and converging verticals, making their photographs feel more participative. Henri Cartier-Bresson, Hyères, France, 1932.
Otros fotógrafos, como Cartier-Bresson, adoptaron la mirada inclinada y las verticales convergentes, haciendo que sus fotografías resultaran más participativas. Henri Cartier-Bresson, Hyères, Francia, 1932.
A tilted perspective does not need to be spectacular, but places us right into the scene. Henri Cartier-Bresson, Couple Kissing, Boulevard Diderot, Paris, 1968.
Una perspectiva inclinada no tiene por qué ser espectacular, pero nos sitúa de lleno en la escena. Henri Cartier-Bresson, Pareja besándose, Boulevard Diderot, París, 1968.
In computer games, tilted perspectives are omnipresent and feel entirely natural. Perhaps they will eventually seem just as natural in other images. Half-Life 2, 2004.
En los videojuegos, las perspectivas inclinadas son omnipresentes y resultan completamente naturales. Quizá algún día nos parezcan igual de naturales en otras imágenes, también. Half-Life 2, 2004.
Philipp Fröhlich (115L), 2010, tempera on canvas, 245 x 175 cm
(115L), 2010, témpera sobre lienzo, 245 × 175 cm

Suscríbete para recibir un breve aviso cada dos semanas cuando se añada una nueva pintura.