Los abedules son mis árboles favoritos. Tienen un crecimiento algo desgarbado y esbelto, pero su verdadero atractivo está en la corteza. Especialmente en invierno, cuando ha desaparecido todo el follaje, el dibujo gráfico en blanco y negro de los troncos, que se disuelve en ramas sinuosas y ramitas colgantes, resulta a la vez intrincado y errático.
En primavera tienen unas hojas de un verde fresco precioso, que aparecen pronto y a menudo parecen luminosas a contraluz. Con su llegada, todo su dramatismo invernal da paso a un aspecto bastante juvenil. En Renania, los jóvenes admiradores colocan tradicionalmente pequeños abedules, llamados Maibäume, decorados con tiras de papel de colores delante de la ventana o la puerta de la persona amada.
Existe una leyenda de Westfalia según la cual la batalla final y decisiva tendrá lugar bajo un abedul, tras la cual habrá paz eterna.
No será el abedul que estaba delante de nuestra casa, porque lo talaron hace tres semanas. Antes de eso, las únicas batallas que tenían lugar allí eran entre las urracas.
Les doy cacahuetes en mi jardín. Son muy cautelosas y esperan hasta que no haya nadie para hacer una pequeña incursión desde el muro. Entran y salen volando tan rápido como pueden, guardando un cacahuete en algún escondite antes de volver con la esperanza de conseguir otro antes de que las demás se los lleven todos.
Son muy elegantes, con sus colas alargadas en forma de rombo y su plumaje iridiscente azul verdoso. Resulta extraño que un pájaro de aspecto tan sofisticado tenga una voz tan áspera y parlanchina. Aunque, en realidad, refleja bastante bien su comportamiento. Son muy sociables y suelen moverse en grupos, pero se pelean constantemente. A una reunión de urracas se la suele llamar parlamento en inglés, e incluso se sabe que celebran funerales cuando muere una de ellas.
Hay muchas supersticiones en torno tanto a los abedules como a las urracas. Me gusta especialmente esta canción infantil inglesa, que predice tu futuro según el número de urracas que veas:
One for sorrow, [Una para la pena,]
Two for joy, [Dos para la alegría,]
Three for a girl, [Tres para una niña,]
Four for a boy, [Cuatro para un niño,]
Five for silver, [Cinco para la plata,]
Six for gold, [Seis para el oro,]
Seven for a secret never to be told. [Siete para un secreto que jamás será contado.]