Poco después de mudarme de la casa de mis padres, vivía en mi primer pequeño piso de estudiante en Düsseldorf. Una noche de verano dejé la luz encendida antes de salir, con todas las ventanas abiertas de par en par. Cuando regresé a casa, el techo estaba cubierto de insectos, algunos quietos, otros girando alrededor de la lámpara. Me llevó hasta las primeras horas del amanecer perseguirlos con un trozo de cartón y empujarlos de nuevo hacia el exterior por las ventanas.
El comportamiento de las polillas en relación con la luz ha servido durante mucho tiempo como metáfora. En inglés, el proverbio like a moth to a flame se utiliza habitualmente para describir una atracción fatal. En alemán, wie die Motten zum Licht emplea la misma imagen, pero con un énfasis distinto, describiendo un movimiento colectivo predecible, a menudo con un matiz ligeramente despectivo.
El comportamiento de las polillas girando en torno a una farola o precipitándose en espiral hacia el fuego es fácilmente observable. Desde un punto de vista humano, esta visibilidad, combinada con la aparente absurdidad de la acción, hace que la lectura metafórica resulte casi inevitable.
Las primeras hipótesis sostenían que las polillas se sentían atraídas por el calor de la fuente de luz o por la luz en sí, una atracción que a menudo se interpretaba como una forma de comportamiento involuntario y autodestructivo. Sin embargo, estas explicaciones resultaron insuficientes, ya que fuentes de luz fría como los LED o las lámparas fluorescentes también atraen a las polillas. Además, un simple movimiento fototáctico hacia la luz no explica los patrones de vuelo circulares y en espiral que los insectos muestran alrededor de una fuente luminosa.
Una línea de pensamiento más reciente introdujo la navegación celeste como posible explicación, sugiriendo que las polillas utilizan la luna y las estrellas como ayudas de orientación. No obstante, en condiciones naturales las polillas no vuelan activamente hacia la luna. Otra teoría, también recurrente, plantea que los insectos se dirigen hacia la luz como parte de una respuesta de escape, ya que en un entorno oscuro, como una cueva, una abertura luminosa suele indicar una salida, aunque esta hipótesis tampoco explica el movimiento circular ni la persistencia observada en torno a las luces artificiales.
Mediante técnicas contemporáneas como la captura de movimiento de alta resolución y la videografía estereoscópica, los biólogos han podido demostrar que el efecto de atrapamiento de la luz artificial está vinculado a una alteración en el sentido de orientación vertical del insecto. Al parecer, los animales mantienen su dorso orientado hacia la luz, lo que da lugar a un movimiento de giro perpendicular alrededor de la fuente luminosa.
Lo que parece hacer la luz es alterar el sentido de arriba y abajo del insecto, desencadenando una necesidad constante de reajuste. Normalmente, arriba corresponde al cielo, que incluso de noche sigue siendo más claro que el suelo.
La luz, en sí misma, no parece atraer a las polillas. En un experimento, de cincuenta polillas liberadas a ochenta y cinco metros de una fuente de luz artificial intensa, solo dos terminaron su vuelo en la luz. En cambio, la luz artificial tiende a atrapar a los insectos una vez que entran en su proximidad inmediata, perturbando su capacidad de mantener un vuelo rectilíneo y reteniéndolos en un movimiento repetitivo alrededor de la fuente. Este comportamiento suele interrumpirse únicamente por acontecimientos fortuitos, como una ráfaga de viento que arrastra al insecto fuera de la influencia directa de la luz.
Ciertas orientaciones de las lámparas parecen ser especialmente perturbadoras en este sentido. Una luz orientada hacia abajo, al reflejarse en el suelo, puede provocar un giro descontrolado en los insectos que se aproximan, haciendo que se den la vuelta y se estrellen. Una fuente de luz única situada por encima del insecto, por el contrario, tiende a inducir un vuelo ascendente seguido de una pérdida de sustentación.
Aún quedan cuestiones sin resolver en relación con este comportamiento. No está claro por qué algunos insectos se posan en o cerca de las fuentes de luz, ni por qué la luz celeste natural o sus reflejos no producen el mismo tipo de respuesta errática.