Escaleras mecánicas

La primera escalera mecánica se instaló como una atracción en Coney Island. Se asemejaba más a una cinta móvil en diagonal que a los peldaños horizontales que hoy conocemos. Sin embargo, en pocos años su potencial arquitectónico y comercial resultó evidente.

Las escaleras requieren esfuerzo y conciencia corporal. Están concebidas para un ritmo y una velocidad individuales, y quien asciende tiene la posibilidad de detenerse o retroceder. Los ascensores, en cambio, exigen un tiempo de espera antes de encerrar a los viajeros en un desplazamiento vertical repentino. Dividen la arquitectura en plantas donde se puede aparecer y desaparecer para reaparecer en otro lugar.

Las escaleras mecánicas ofrecen un movimiento continuo. Por lo general no requieren espera y permiten una visión abierta del ascenso a través de los distintos niveles. Hay algo democrático en el ritmo fijo y metronómico y en el deslizamiento colectivo que proponen, sin interrupción una vez que se ha puesto el pie en ellas.

Manteniendo la postura vertical, con los peldaños regulando la distancia entre los cuerpos, la procesión en diagonal hacia arriba o hacia abajo resulta levemente absurda. Y sin embargo, aunque hayamos tomado miles de escaleras mecánicas a lo largo de nuestra vida, aún conservan algo de la excitación infantil que provocaron.

Pero más que limitarse a reducir el esfuerzo de subir escaleras, las escaleras mecánicas son un medio eficaz para guiar y dirigir multitudes. Pueden utilizarse para canalizar a las personas hacia salidas, como en las estaciones de metro, o conducirlas hacia zonas de consumo en los grandes almacenes.

El tamaño, el número y la velocidad de las escaleras mecánicas en un espacio concreto determinan con precisión la capacidad y el flujo. Una sola escalera mecánica puede transportar entre 3.000 y 10.000 personas por hora, lo que la convierte en un instrumento eficaz para mantener un volumen controlado.

Y cuando una escalera mecánica falla, sigue siendo utilizable como una escalera.

Jesse W. Reno’s “Inclined Elevator,” patented in 1892 and installed at Coney Island in 1896.
El «Inclined Elevator» de Jesse W. Reno, patentado en 1892 e instalado en Coney Island en 1896.
El Inclined Elevator de Jesse W. Reno en Coney Island, 1896.
El Inclined Elevator de Jesse W. Reno en Coney Island, 1896.
This later model at Coney Island allowed visitors to sit while ascending.
Este modelo posterior en Coney Island permitía a los visitantes ascender sentados.
Un prototipo temprano de escalera mecánica de Otis, fotografiado en la fábrica de Otis a finales de la década de 1890.
Un prototipo temprano de escalera mecánica de Otis, fotografiado en la fábrica de Otis a finales de la década de 1890.
Otis escalators at the Exposition Universelle, Paris, 1900.
Escaleras mecánicas de Otis en la Exposición Universal, París, 1900.
Engraving of the escalator installation at the Exposition Universelle, Paris, 1900.
Grabado de la instalación de la escalera mecánica en la Exposición Universal, París, 1900.
Early escalator installation at Harrods department store, London.
Instalación temprana de escaleras mecánicas en los grandes almacenes Harrods, Londres.
Original wooden escalators in the St. Anna tunnel, Antwerp, 1933. Still in operation and among the last of their kind.
Escaleras mecánicas originales de madera en el túnel de Santa Ana, Amberes, 1933. Aún en funcionamiento y entre las últimas de su tipo.
Henri Cartier-Bresson, Escalator, mid-20th century.
Henri Cartier-Bresson, Escalator, mediados del siglo XX.
Cyril Edward Power, The Tube Station, 1929.
Cyril Edward Power, The Tube Station, 1929.
Cyril Edward Power, Escalator, 1929. Linocut.
Otra obra de Cyril Edward Power, Escalator, 1929. Linograbado.
Frank Hinder, Escalator, mid-20th century.
Frank Hinder, Escalator, mediados del siglo XX.
Richard Estes, Escalator, 1979.
Richard Estes, Escalator, 1979.
Otra escalera mecánica de Richard Estes.
Otra escalera mecánica de Richard Estes.
Candida Höfer, Bahnhof Stadelhofen, Zürich, 1991.
Candida Höfer, Bahnhof Stadelhofen, Zürich, 1991.
Andreas Gursky, Charles de Gaulle Airport, 1992.
Andreas Gursky, Charles de Gaulle Airport, 1992.
Gerhard Richter e Isa Genzken, mural en la estación de metro (U-Bahn) de Düsseldorf, con escaleras mecánicas en circulación.
Gerhard Richter e Isa Genzken, mural en la estación de metro (U-Bahn) de Düsseldorf, con escaleras mecánicas en circulación.
Thomas Demand, Escalator, 2000.
Thomas Demand, Escalator, 2000.
My tempera on paper (137P), 2010. 50 × 70 cm.
Mi témpera sobre papel (137P), 2010. 50 × 70 cm.
Remote Viewing, Galería Soledad Lorenzo, 2012.
Remote Viewing, Galería Soledad Lorenzo, 2012.
Philipp Fröhlich (118L), 2011, tempera on canvas, 195 x 145 cm
(118L), 2011, témpera sobre lienzo, 195 × 145 cm

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